EXCURSIÓN AL
YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO DE LA BASTIDA
Y EL SANTUARIO DE LA SANTA
DE TOTANA
6 de Mayo de 2025
YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO DE LA BASTIDA
Y EL SANTUARIO DE LA SANTA
DE TOTANA
6 de Mayo de 2025
COMENTARIO SOBRE EL YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO DE
LA BASTIDA.
LA BASTIDA.
La Bastida de Totana es un yacimiento arqueológico perteneciente a la cultura argárica situado en el municipio español de Totana, en la Región de Murcia. Está ubicado sobre un cerro de perfil cónico a unos 6 km al oeste de la localidad de Totana y fue ocupado entre aproximadamente 2200 y 1550 antes de Cristo. Se trata de uno de los poblados más extensos (4,5 ha. como estimación mínima) de los inicios de la Edad del Bronce en Europa continental y está considerado como uno de los asentamientos más importantes de la Prehistoria reciente europea. Formó parte de la red de centros neurálgicos argáricos, con incipiente urbanismo y en los que se detectan desigualdades políticas y económicas.
SOBRE ESTAS LÍNEAS UNA IMAGEN EN LA QUE EL ARQUEÓLOGO NOS EXPLICÓ COMO PROCEDÍAN A LA MOLIENDA DE LOS CEREALES QUE RECOLECTABAN.
Las excavaciones realizadas desde 2009 han permitido identificar tres fases de ocupación principales, algunas de las cuales registran subdivisiones internas.
Fase I (c. 2200–2000 a. C.): los primeros testimonios de ocupación humana están representados por un número elevado de pequeñas cabañas de perímetro curvilíneo, construidas a base de barro y postes de madera. Ninguna de estas cabañas ha conservado su perímetro íntegro debido a que fueron parcialmente destruidas por la construcción de los edificios posteriores y por procesos erosivos. Todas ellas aparecen amortizadas mediante un horizonte de incendio. Las observaciones estratigráficas realizadas no permiten asociar tumba alguna a esta fase de ocupación del asentamiento. Entre los hallazgos artefactuales más numerosos destaca la cerámica, con una presencia importante de pastas de color amarillento y morfologías que recuerdan a producciones de tradición calcolítica. Cabe destacar también patrones de decoración cerámica a base de series de triángulos incisos rellenos de puntos, con paralelos en el yacimiento de Lugarico Viejo, coetáneo en esta época. La cerámica campaniforme está ausente. Además de las cabañas, un número menor de edificios más espaciosos, construidos con muros rectos de piedra, pudo desempeñar funciones de carácter comunitario. Entre estas construcciones figura un sistema de fortificación monumental y original.
Fase I (c. 2200–2000 a. C.): los primeros testimonios de ocupación humana están representados por un número elevado de pequeñas cabañas de perímetro curvilíneo, construidas a base de barro y postes de madera. Ninguna de estas cabañas ha conservado su perímetro íntegro debido a que fueron parcialmente destruidas por la construcción de los edificios posteriores y por procesos erosivos. Todas ellas aparecen amortizadas mediante un horizonte de incendio. Las observaciones estratigráficas realizadas no permiten asociar tumba alguna a esta fase de ocupación del asentamiento. Entre los hallazgos artefactuales más numerosos destaca la cerámica, con una presencia importante de pastas de color amarillento y morfologías que recuerdan a producciones de tradición calcolítica. Cabe destacar también patrones de decoración cerámica a base de series de triángulos incisos rellenos de puntos, con paralelos en el yacimiento de Lugarico Viejo, coetáneo en esta época. La cerámica campaniforme está ausente. Además de las cabañas, un número menor de edificios más espaciosos, construidos con muros rectos de piedra, pudo desempeñar funciones de carácter comunitario. Entre estas construcciones figura un sistema de fortificación monumental y original.
Fase II (c. 2000–1850 a. C.): durante la segunda fase de ocupación las cabañas dejaron de ser habitadas y, en su lugar, se levantaron edificios de piedra. Se produjo con ello la implantación de los elementos propios de la arquitectura y del urbanismo argárico, es decir, edificaciones de planta alargada y muros rectos de piedra que se disponen sobre terrazas artificiales en ladera. Las primeras tumbas conocidas en La Bastida datan de esta fase así como una producción cerámica tipificada en las pastas y la morfología argáricas. Cabe destacar la habilitación de una balsa de grandes dimensiones, situada a cotas bajas aprovechando un área de menor pendiente.
Fase III (c. 1850–1600/1550 a. C.): esta fue la fase de mayor extensión y apogeo. Un tupido entramado urbano cubrió toda la superficie del cerro, compuesto por grandes casas construidas en terrazas y separadas a veces por angostos accesos de menos de un metro de amplitud. La misma implantación urbana fue respetada hasta el abandono de La Bastida, al margen de algunas refacciones arquitectónicas de menor envergadura.
Hacia 1600/1550 a. C. La Bastida fue abandonada en condiciones aparentemente pacíficas, a juzgar por la ausencia de niveles de incendio u otras evidencias que pudieran sugerir un abandono por destrucción. Tras el cese de la ocupación argárica, sólo se documentan frecuentaciones esporádicas en época romana y medieval.
Fase III (c. 1850–1600/1550 a. C.): esta fue la fase de mayor extensión y apogeo. Un tupido entramado urbano cubrió toda la superficie del cerro, compuesto por grandes casas construidas en terrazas y separadas a veces por angostos accesos de menos de un metro de amplitud. La misma implantación urbana fue respetada hasta el abandono de La Bastida, al margen de algunas refacciones arquitectónicas de menor envergadura.
Hacia 1600/1550 a. C. La Bastida fue abandonada en condiciones aparentemente pacíficas, a juzgar por la ausencia de niveles de incendio u otras evidencias que pudieran sugerir un abandono por destrucción. Tras el cese de la ocupación argárica, sólo se documentan frecuentaciones esporádicas en época romana y medieval.
La Bastida debió ser la capital de una entidad política de carácter estatal en cuyo seno convivían varias clases sociales: una, dominante y explotadora, que defendía sus privilegios con las armas; otra, mayoritaria en número, que identificamos como “pueblo llano” con ciertos derechos y, por último, una población servil o esclava.
COMENTARIO SOBRE EL SANTUARIO DE LA SANTA
El Santuario de Santa Eulalia de Mérida, «la Santa», se encuentra situado a siete kilómetros de la ciudad de Totana. Se accede a él por una carretera que atraviesa los huertos de este municipio, paraje en el que naranjos, limoneros, almendros y flores ofrecen un espectáculo de especial fragancia.
Continúa esta carretera entre perfumes de pinos, romeros y tomillos para adentrarse en las estribaciones de Sierra Espuña, en donde emerge en armonía con la naturaleza el conjunto arquitectónico de «la Santa». Desde allí se accede hasta la villa medieval de Aledo por una carretera envuelta, igualmente, de suave vegetación mediterránea.





